Dª Mª del Carmen Durán, a la cabeza del equipo, organizadora genial; Dª Lola Jurado, alumna de la Compañía de María, madre y ahora abuela de alumna; Dª Adelaida Luque, la que más recuerdos guarda en casa del colegio, hermana de monja de la Compañía de María y por supuesto, antigua alumna, como las anteriores; y Dª Angelita del Junco, incondicional del colegio, que aún sigue siendo tan divertida como debió serlo en el colegio. Todas ellas en “su cole” de nuevo, en el salón de actos, reunidas con los niños de mi tutoría, 4º ESO “A” en el mes de la Niña María el pasado 9 de Noviembre.

Es un espectáculo digno de vivirse y es para escucharlas a ellas, cómo hablan de su colegio, cómo lo recuerdan después de los casi sesenta años que hace que terminaron sus estudios en él, con qué gracia cuentan anécdotas ocurridas allí, y de qué forma les aseguran a los niños que el colegio de la Compañía de María “imprime carácter”, pues a esta altura de sus vidas pueden corroborar que todo lo que aprendieron en el colegio les ha servido posteriormente para la vida.

Así, pidieron a los niños que valoren el tiempo que pasan en el colegio, la entrega de los profesores, estas enseñanzas, y que estén siempre orgullosos de pertenecer a este colegio, que recen a Santa Juana (aunque quedó manifiesto que la que siente verdadero fervor por Santa Juana allí es Mª del Carmen Durán, a quien el resto de las alumnísimas piden que interceda por ellas cuando se les pierde algo) y que lleven el colegio de la Compañía de María por bandera.

Dª Lola y Dª Angelita insistieron en que, aunque la educación era represiva en aquellos tiempos en que tenían que bañarse con camisón sin escote; tenían que sentarse de una manera determinada para no pecar contra el decoro, siendo, además, la largura de los uniformes bastante diferente a la actual; existía muchísima disciplina, y casi como en el ejército, respondían a golpe de chasca; a pesar de que había clases hasta el sábado; a pesar de que en los últimos tiempos hayan creado en la sociedad un anticlericalismo que trata de destruir todo lo que en el pasado fue constructivo y beneficioso, ellas afirman que no se sienten traumatizadas, ni entonces lo sentían. Todo lo que las monjas les enseñaron fue bueno, pues han aprendido el valor del sacrificio, de la austeridad, el saber estar ,y conservan los referentes que ahora faltan en el mundo, sustituidos éstos por un relativismo que no nos lleva a ningún sitio bueno.

Dª Adelaida y Dª María del Carmen les enseñaron a los niños muchísimos objetos que traían para acercar a los alumnos más al colegio de aquel tiempo: carnet de “pinchazos”, con casillas que las monjas perforaban si las niñas no eran aplicadas, o disciplinadas, etc.; bandas de conducta, de aplicación,… a juego con medallas; imperdibles con estrellas que simbolizaban sobresalientes o notables conseguidos, según si eran doradas o plateadas; medallas de la congregación de las Hijas de María; una corona de laurel para las alumnas excelentes; fotografías de monjas y de imágenes religiosas que había en el colegio; e incluso una réplica de los uniformes del colegio (el azul marino y el de deporte) que la muchacha de Dª Adelaida había cosido para la “Mariquita Pérez” que tenía cuando era niña, todo conservado con un mimo que muestra el amor a esos años de infancia y adolescencia pasados en el colegio.

Todo lo recibimos con mucho gusto, poniendo de manifiesto la identidad entre estas dos promociones de alumnos tan alejados en el tiempo pero unidos al fin y al cabo por Santa Juana de Lestonnac, que así lo quiso en 1600.

No pensamos en nada mejor que ofrecerles a estas alumnas que adoran el colegio, a su Niña María, que una vara de nardos, como la que la Virgen Niña llevará dentro de unos días en su manita en la procesión en la que esperamos saludar a las Alumnísimas, como todos los años.

Tras pasar por la capilla para saludar al Señor y a la Virgen, las alumnísimas salían de su colegio como lo harían un día cualquiera de 1958.

¡Gracias un año más!